VII. MEDITACIÓN EN LOS FIORDOS
mANUEL: Juan, ¿estás bien?
Juan (Sin abrir los ojos): Estoy de puta madre. Este jaco está que te cagas.
Manuel (Da una calada, tose): Verás, lo del paquete, los dos kilos…
Juan: Enciéndeme un cigarrillo.
Manuel: (Le pasa el cigarrillo) Todo esto es... Estás igual que Cris cuando me lo encontré. No sentí nada, ¿sabes? Mi hijo muerto y yo no sentía nada. Cuando me llamó se puso a llorar. Me pedía perdón, pero a mí me daba igual. No me afectaba lo más mínimo. Hace mucho que no siento las cosas. Soy como un tornillo pasado de vuelta.
Juan: La vida es muy chunga, tío. Hay que tirar p’alante. (Se inyecta un poco más. Pausa.)
Manuel: Me llamó a mí. Después de tantos años.
Juan: Hay que ponerse el casco. Pasa cualquier camión de los cojones y acabas en la puta cuneta con la cabeza reventada. Por eso hay que ponerse el casco. Normas de tráfico, tío.
Manuel: Normas de tráfico.
Juan: El Cris nació con un casco de acero puesto. Iba dando cabezazos a todo dios.
Manuel: Cuando me di cuenta de que estaba muerto, me quedé allí, de pie, sin saber qué hacer no sé cuánto tiempo. La tele era lo único que seguía vivo. Luego me fijé en el paquete. Estaba abierto. Me senté a su lado. Pensé: ¿y ahora esto? Luego…
Juan: El Cris estaba más enganchado a la traición que al jaco. Fallarme a mí. Fallarme a mí. Siempre le moló la maldad. Pero fallarme a mí. A saber qué mierda de plan tenía en la cabeza (Acaba de inyectarse.) Ahora puede hundirse el mundo. Yo me apeo, tío.
Manuel: Voy a quitarte esto.
Juan: Sí, quítame la chuta.
Manuel: (Le quita la jeringuilla. La deja en el suelo. Le baja con cuidado la manga de la chaqueta) Juan, yo nunca le hice nada a Cris. Tú me crees, ¿verdad? (Silencio.) Juan, ¿estás bien?
Juan: En la gloria.
Manuel: Estás muy pálido.
Juan: Estoy de puta madre. Volando en los Fiordos. Ésta es la única felicidad que conozco.
Manuel: Eso es muy triste.
Juan: Es la verdad.
Manuel: La verdad (Pausa.) La verdad no está en los Fiordos, Juan.
Juan (Con voz arrastrada): Es mi verdad, tío. El cielo azul que lo flipas. Ni una jodida nube. Un relax que te cagas. Nieve en la cima, un mazo de nieve, bloques de hielo, y estoy en pelotas pero no hace frío. Si gritamos cae una montaña. Qué altura, tío.
Manuel: (Triste) Top of the world.
Juan: Lagos lagos abajo. ¿Tienes vértigo? Yo no tengo vértigo. Vamos a bajar a ese de allí. Dame la mano, Cris. (Manuel le coge una mano) Hostia, tú eres Manuel, ¿no? No coordino. El Cris se ha largado.
Manuel: Sí (Pausa.)
Juan: El Cris me ha dejado tirado. Ya le vale. Pero no se lo tengo en cuenta, ¿sabes? Fuera de aquí todo es una mierda. Todos nos llenamos de mierda. ¿Quién tiene la culpa? No sabemos nada.
Manuel: Juan, tú me crees, ¿verdad? Yo nunca le hice nada a Cris. Me crees, ¿verdad?
Juan: Te creo, tío.
Manuel: (Llora) Gracias.
Juan: Todos quieren llegar a este sitio, ¿a quien no le mola esto? Pero el camino es chungo. Mono, camellos, ratas, papelinas. Fuera de aquí los Fiordos están boca abajo. Hay que pagar la hostia para darle la vuelta al mundo.
Manuel: Seguro que hay otros caminos. Yo una vez fui feliz a veces.
Juan: No duermes, no jalas, acabas chupado y siempre te falta guita para unos gramos.
Manuel: Juan, tiene que haber otras formas de estar bien.
Juan: Mi vida es un camino sembrado de chutas, pero lo demás es una puta mierda. Eso del rollo social. A mí no me va el rollo social. Todas esas gilipolleces de la escuela y del trabajo. Engulle mierda. Soporta y produce. Consume y produce. Aguanta las órdenes de cualquier mamón ocho, nueve, diez horas al día. Compite. Para qué. Mira la tele. Envidia. Humíllate. Finge. Véndete a buen precio. Hazte puta. Cuanto más puta, mejor. Compra buena ropa, compra un coche, compra un par de colegas, compra vacaciones en Mallorca y una tía potente. Presume. Qué gilipollez. Compra un piso, un puto agujero en el aire, y paga. Paga, véndete, cobra y vuelve a pagar. Que la mierda circule. Carga con la mierda que todos te echan encima y ten hijos para soltársela a ellos. Que no, tío. No me mola el rollo social. Prefiero un chute y un viaje a los Fiordos. Aquí se está mejor.
Manuel: Las cosas no son así.
Juan: Tú eres Manuel, ¿no?
Manuel: Sí.
Juan: El padre del Cris.
Manuel: Sí.
Juan: ¿Dónde está el jaco? Los dos kilos.
Manuel: Están aquí, los llevo conmigo en el maletín.
Juan: Cómo cerrabas el pico, cabrón.
Manuel: (Silencio.)
Juan: Tranquilo, tío.
Manuel: Son tuyos.
Juan: Prepárame un chute. A mí no me queda más.
Manuel: ¿Cómo?
Juan: Ya sabes cómo, tío. Agüita, cuchara, limón…
Manuel: Ya sé cómo, pero no.
Juan: Ahora estoy de puta madre. No quiero volver. Quiero quedarme. Hazme ese favor.
Manuel: (Silencio)
Juan: Piénsalo. Deshazte de mí.
Manuel: Estás drogado.
Juan: Sí, quiero estar así siempre. Y no volver. Para qué. En casa de mi abuela ya soy ocupa. Y fuera… Enfermo. El jaco mola durante un rato, el resto del tiempo vives como uno de esos enfermos de coma. A mí no me asusta la muerte. Todo el mundo la guiña antes o después. Nadie sale vivo de de la vida. Vivir lo que a mí me toca los huevos.
Manuel: Estupideces.
Juan: No está Cris. No me lo creo. Estoy la hostia de bien. Puerta. Quiero dormirme y no despertarme más. Y puerta. Tío, deshazte de mí.
Manuel: No cuentes conmigo.
Juan: Te conviene. Me haces un favor. Te llevas el paquete. Nadie se enterará de nada.
Manuel: Yo sí me enteraré.
Juan: ¿Qué más te da?, ¿no dices que ya no sientes una mierda?
Manuel: Te haces la víctima, igual que Cris.
Juan: Ahí has hablado, campeón, porque soy una puta víctima. No hay mejor salvación que largarse de este mundo cagando leches cuando a uno le sale de los cojones. (Tras un largo silencio, Juan farfulla una canción mientras se va adormeciendo hasta quedarse callado.)